Conversatorio histórico con Juan Bosch (1 de 2)

02/10/2019   |   0 Comentarios

Por Frank Núñez

Faltaban justamente dos meses para unas elecciones en las que la prestigiosa firma Gallup lo daban favorito como candidato presidencial del entonces emergente Partido de la Liberación Dominicana frente a su archirrival Joaquín Balaguer, quien gobernaba el país como líder del Partido Reformista Social Cristiano en un 1990 con escasez hasta de azúcar. Ese 16 de marzo en la mañana Juan Bosch recibió a los jóvenes miembros del Círculo de Escritores Romanenses con quienes conversó de literatura, sobre todo de su larga carrera de escritor compartida con la actividad política.

Miguel Ángel Gómez, quien falleciera diez años después, Avelino Stanley, Isael Pérez, Daniel Johnson Benoit, Rosa María Pérez, Alberto Monteíno, Chelo Brito y quien escribe recibimos una cátedra interactiva de un maestro de la escritura que además le gustaba enseñar. Acompañaban al anfitrión en su modesto apartamento de la calle César Nicolás Penson su asistente Diómedes Núñez Polanco y su secretaria Mildred Guzmán. Se acordó aquella vez que todo lo hablado en la tertulia sería publicado en un volumen, con la exigencia del ex presidente de la República de que antes de la impresión le llevaran las pruebas de imprenta para revisarlas, con el argumento de que “la grabadoras no ponen los puntos y las comas”.

Los temas giraron sobre los estilos de los contemporáneos de Bosch como Quiroga, Cortázar, García Márquez y Vargas Llosa, con anécdotas de dominicanos como Pedro Mir, José Rijo, Marrero Aristy y el propio Balaguer. Hubo una discusión sobre fondo y forma en la escritura, periodismo y literatura, para caer en el por qué la novela dominicana no trascendía internacionalmente. “El periodismo sirve para conocer la sociedad en que vives. Eso es muy importante”, nos dijo ante una de mis preguntas.

En un país de tantas publicaciones mediocres, el conversatorio nunca se publicó. Lo encontré recientemente en el tomo 39 de las Obras Completas de Bosch, cuando pensaba que el tiempo y el olvido lo habían desaparecido. Isael y Diómedes facilitaron el reencuentro con esa osadía juvenil.