Conversatorio histórico con Juan Bosch (2 de 2)

08/10/2019   |   0 Comentarios

Por Frank Núñez

Para aquella primavera del 1990 Juan Bosch, escritor y ex presidente de la República, sostenía que se había encontrado con una buena representación de jóvenes poetas criollos, especialmente mujeres, pero lamentaba no poder decir lo mismo de la narrativa. Los miembros del Círculo de Escritores Romanenses le preguntamos su opinión sobre la sequía en la novelística, repitiendo siempre los mismos títulos: Enriquillo, La Mañosa, Over y El masacre se pasa a pie. La pregunta fue de Chelo Brito. El maestro, tras afirmar que no existía la novela dominicana, atribuyó el fenómeno a que no había entonces un ambiente propicio para la creación literaria. El género, además, debía “valerse de un tema, de un argumento nacional”.

A casi tres décadas del conversatorio contenido en el tomo XXXIX de las Obras Completas de Juan Bosch, el parnaso novelístico dominicano ha mejorado bastante, pero los actuales exponente debieran tomar en consejo de que además de la forma, es necesario valorar “el tema”, “el argumento”, que en nuestra opinión deben pasar balance a la postdictadura y a lo que ha sido de la sociedad tras el fin de la Guerra Fría. Cuestionado en torno a si fue conveniente que abandonara la literatura por la política respondió: “Bueno, yo no hago juicios de mi mismo. A mí no me interesa en absoluto ese personaje que se llama Juan Bosch. Me interesa lo que él hace, pero no él. De él yo no hago juicio ni en bien ni en mal”.

Miguel Ángel (epd), Avelino, Isael, Daniel, Rosa María, Alberto, Chelo y yo solicitamos la autorización de Bosch para publicar el conversatorio a lo que él aceptó siempre que le permitiéramos revisar los originales. Le encantó el título del cuento Las manos de la muerte son de seda, de Gómez. Luego vinieron las fotografías con el grupo en la biblioteca, que servirían de ilustración al libro que nunca se publicó. Ojalá Editorial Santuario se anime y haga una edición, como acordamos con el ilustre anfitrión aquella mañana primaveral de 1990.