Mis viejos

13/04/2019   |   0 Comentarios

*Escrito el 13 de abril del 2014*

Hoy, 13 de abril, se cumplió el primer año de la partida de mi madre, María Crescencia De la Rosa, a quien todos amamos y conocíamos más como Doña Chicha. Ya tan sólo 9 días antes, el día 4, se cumplieron 10 años de la ida de mi padre, Vidal Hernández Guillén. Yo fui hijo único de ambos, y como tal, casi no termino de asimilar que ya no están conmigo, aunque me reconforta saber que los dos han de estar descansando en paz.

A mi vieja me la imagino aún “actualizándome” de las informaciones del día, vistas y analizadas desde su perspectiva revolucionaria, con sus relatos de episodios adobados con su rol de testigo ocular, la interpretación de sus sueños en premoniciones para el presente y el futuro, sus mimos con besos y abrazos para mí, que lo era todo para ella, y su amor infatigable por la lectura, aún cuando con el paso de los años el glaucoma hizo de las suyas para fuñirle ese que fue uno de sus vicios.

Al viejo lo recuerdo a cada momento con su ejemplo de laboriosidad, que me empeño en asumir, con su orgullo notorio por mi superación personal y profesional, por su humildad y su rectitud, gracias a lo cual toda su descendencia acumuló disciplina y estilo de vida.

Ambos siempre han de estar marcando mis pasos. Paz en la eternidad para mis viejitos, de quienes creo han de enorgullecerse en el más allá de cómo actúo, de lo que hago, y como lo hago, tal como ambos me enseñaron…